La erótica del poder

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“No hay nada que genere tanta atracción y apego como el poder”. Pero ¿qué entendemos por poder? El poder es un verbo transitivo que define la capacidad existencial de desplegarse, de desarrollarse personal y profesionalmente. El término también refiere al control, imperio, dominio y jurisdicción que una persona dispone para concretar o imponer algo. Aunque el uso más habitual del término es la capacidad de conseguir o realizar algo.

Y que entendemos por erótica ¿cuál es su significado? Una de las definiciones de la RAE para erótica es atracción y excitación muy intensa, que se siente ante ciertas cosas como el poder, el dinero, la fama, etc.

Me he permitido también la osadía de añadir el concepto éxito, sin bien el poder no nos está hablando de que su consecución sea altamente reconocido socialmente, el éxito si que está relacionado con el reconocimiento popular. Así pues, el poder (conseguir algo) puede tener valor para mi, pero no para la sociedad.

Así pues, cuando juntamos ambos conceptos, el resultado es un binomio que se retroalimenta. Por una parte tendríamos la necesidad de expresión de los/as poderosos/as por la consecución de sus metas y de llegar a la cúspide, provocándoles una inmensa satisfacción y placer.

Y por otro lado, tendríamos el embelesamiento y atracción que sienten algunos/as por el/la poderoso/a, haciendo que inmediatamente esa persona, a priori carente de interés, se convierta en objeto de deseo.

La erótica del poder

Así pues, cuando encontramos a alguien que nos permite crecer en cualquier ámbito de nuestra vida, esa persona pasa a tener un plus inminente de atractivo. Y aparece la necesidad y/o voluntad de acercarse a él o ella.

Veámoslo con un ejemplo actual. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, un hombre con una personalidad narcisista y autoritaria, con un físico bastante peculiar, tiene a su lado a la bella Melania Trump, y nadie pone en duda su atracción indiscutible.

La erótica del poder trump

Y no es el único político al que podríamos citar, si echamos la vista atrás seguro que nos acordamos de Sarkozy, el que fuera el presidente de la República Francesa, y la guapa Carla Bruni, por citar otro ejemplo.

Siguiendo con los políticos, varones hasta el momento, os traslado unos datos extraídos según una encuesta española: dos de cada cinco españoles entre 18 y 35 años decide su voto por lo sexy que les resultan algunos políticos. Otro dato interesante que se desprende de la encuesta es que actualmente el 50% de los jóvenes han fantaseado sexualmente alguna vez con políticos, siendo recurrente en ocasiones el escenario del congreso como el lugar propicio que da más morbo a sus fantasías y más ahora que la juventud ha accedido a la erótica del poder.

Históricamente se ha considerado que el poder ha estado más en manos del hombre que de la mujer, esto es así a medias, puesto que mujeres poderosas hubo, hay y habrá, pero no se les han dado la misma visibilidad que a los hombres, pero quién no recuerda a ¿Cleopatra, Isabel I de Inglaterra o la Reina Victoria?
Y ¿qué me decís de Helena de Troya? que consiguió cambiar el destino de dos pueblos. Ahí lo dejo.

Pongamos pues, más ejemplos más allá de la política o la dinastía. El/la adolescente que se enamora platónicamente de su profesor/a, o de un/a cantante de música.

Ahora bien ¿cuál es el problema? Cuando hablamos de la “erótica del poder”, solemos darle una connotación negativa. Solemos asociar el poder o la manifestación exclusiva del poder a términos cuantificables económicamente.

Y la verdad va más allá del poderoso “Don Dinero”. El poder produce un indudable atractivo y sus manifestaciones, lo que nos erotiza, puede ser muy diverso. Os expondré unos ejemplos: el poder político, el poder intelectual, la belleza, el poder de la maldad o la bondad, el poder social, entre otros muchos.
No tenemos que olvidar que erotismo siempre es un erotismo por el poder. No nos erotiza algo que está por debajo nuestro, es decir, que no nos hace crecer o prosperar como personas. Y esto es aplicable a cualquier relación, inclusive la amorosa. Tenemos tendencia a acercarnos a aquellas personas de las cuales podamos aprender o nos pueden aportar algo que nosotros/as carecemos.
Os pongo otro ejemplo para hacerlo más comprensible, mi pareja a la que quiero muchísimo, habla y escribe perfectamente el Italiano. Idioma que a mi siempre me ha gustado, así que eso va a permitirme a mi aprender, crecer y desarrollar otra lengua. Por otra parte, yo soy una gran escaladora y a mi pareja le entusiasma la montaña y que podamos hacer cosas juntos al aire libre.

La relación que se da entre ambas personas es de correlación positiva, es decir, ambos van a aprender y mejorar en aspectos que les gustan a través de su relación de pareja, sobre todo, porqué hay admiración mutua.

La erótica del poder logo

Como veis, la erótica del poder, no se da solamente en relaciones con altos cargos ejecutivos, políticos o económicamente muy elevados. Este es el siguiente punto.
Cuando visualizamos a alguien como una “escalera”, es decir, cuando vemos en alguien la oportunidad de nosotros mejorar “subir de nivel”, ya sea en estatus, en nivel económico o social, sin dar u ofrecer nada a cambio, estamos hablando de relaciones asimétricas con poco porvenir, porque no hay admiración mutua. Sólo existe un interés.

Una pareja que resiste es una pareja que se admira mutuamente. La admiración sí que es un sentimiento que consolida las cosas, y las relaciones. Las ganas de trepar siempre se van a sobreponer sobre el otro, debido a una relación de desigualdad.

Para acabar me gustaría lanzar unas reflexiones ¿Qué nos hace poderosos? ¿Dónde reside el verdadero poder? ¿Qué nos resulta erótico? Cada uno tendrá su propia respuesta pero, como diría Séneca, no olviden que “El hombre (o mujer) más poderoso es el que es dueño de sí mismo. Y la manera de conocernos es saber cuáles son nuestros deseos más íntimos, más allá de una construcción social”.

Referencias