Cinco cosas que he aprendido trabajando como sexóloga

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Como bien sabéis, si sois lectores/as recurrentes a éste blog o me seguís por redes sociales, me apasiona mi trabajo y destino mucho tiempo y esfuerzo a seguir formándome para poder brindaros la mejor asistencia, sea cuál sea la vía por la que me contactéis o visualizáis.

Así que hoy, quería compartir con vosotros/as 5 cosas que he aprendido trabajando como sexóloga y divulgadora de una sexualidad placentera y saludable.

1. Somos seres sexuados antes de nacer

Pues sí, la sexualidad es inherente a todo ser humano, eso significa que está presente en todas las etapas de nuestra vida y en cualquier persona que se precie. Lo que ocurre es que su expresión y manera de vivirla y/o disfrutarla es diferente en cada persona, edad y cultura.

Sexualidad no sólo significa genitalidad, es un espectro muchísimo más amplio que contempla, a parte de los aspectos reproductivos, la comunicación, el placer, la autoestima, los deseos, las relaciones interpersonales, las identidades sexuales, etc. Por tanto, la sexualidad se contempla desde un prisma bio-psico-social, ya que somos un conjunto de cogniciones, sentimientos, aspectos biológicos y fisiológicos, y una cultura que nos regula, así que pretender entender al ser humano únicamente desde un prisma, sería perderse muchísima información de cada uno/a de nosotros/as.

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2. A las cosas, por su nombre

En éste apartado sólo os voy a lanzar una reflexión ¿cuántos nombres conocéis para designar a los dientes? Quizá ¿un par o tres de palabras? De acuerdo. ¿cuántos conocéis para designar al pene y la vulva? Os dejo echando cuentas y me voy al tercer punto, no sin antes deciros que, cuando ponemos diminutivos u otras palabras para designar a los genitales, el mensaje que estamos transmitiendo es que la propia palabra y lo que designa, da vergüenza y, por tanto, no se habla con naturalidad. De hecho, seguimos pensando que vagina es un sinónimo de vulva y eso no es cierto, la vagina se encuentra dentro de la vulva.

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3. Suspenso en educación afectivo-sexual

Una de las áreas que desarrollo de mi trabajo, es la de impartir talleres de educación afectivo-sexual en diferentes centros educativos, generalmente de secundaria, y con adolescentes de entre 12 a 19 años. Aún estando en la misma etapa del ciclo vital, las necesidades, preocupaciones e intereses son muy diferentes entre las edades que componen ésta preciosa etapa de descubrimiento, de ir contra el mundo y de buscar referentes entre los iguales. Pero hay un factor común, y es el hecho de vivir y expresar la sexualidad como un “peligro”. Los adolescentes me han enseñado muchísimas cosas, entre ellas que, la mayor parte de sus formadores, (padres, madres, tutores legales, profesorado) nunca han hablado de sexualidad adelantándose a sus preguntas y que, cuando se han animado a hacerlo, no es desde el prisma del autocuidado y el placer, sino con el foco ante el peligro de un posible embarazo no deseado o de las infecciones de transmisión genital.

De hecho, una alumna de 12 años, me comentó hace pocos días que aprenden primero a como se reproducen especies no-humanas y que en los libros de biología, no aparece el clítoris en la anatomía de la mujer (¿cómo lo van a poner? si total, “SÓLO” es un órgano que tiene como ÚNICA función la de encargarse del placer sexual de la mujer).

Así que os podéis imaginar la de dudas, preguntas y mitos que llevan consigo, así que mi misión, entre otras, es la de rebajar la ansiedad ante falsos constructos y construir entre todos/as una visión más amplia, integradora y plural de sexualidad.

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4. Si nadie me cuenta, me busco la vida

Ésta premisa la categorizo yo como “supervivencia”. Si no hay nadie que me cuente, me explique y me de ejemplos sin caer en historias fantásticas, pues obviamente, como buenos curiosos que somos todos los seres humanos, buscamos otras fuentes de información que puedan saciar nuestra necesidad. Y esto es aplicable a cualquier circunstancia y a cualquier edad, pero ¿qué ocurre cuando hablamos de personas en plena adolescencia? Pues que sus fuentes de información, generalmente, amigos/as más mayores y la industria del porno, carecen de veracidad y pluralidad, se centran en una “norma” y, en el caso de los/as amigos/as, ellos/as tampoco han recibido una educación afectivo-sexual de calidad. Así que el combo está servido.

La misión del porno no es educar, es un recurso que sirve para excitarnos como bien os comenté en un artículo anterior, por tanto, cuando cogemos como referente el coitocentrismo (la penetración) como única vía, o la finalidad, de todas las prácticas sexuales para “llegar al placer” (el placer no es un destino, es el trayecto en sí), tenemos un problema porqué nos estamos olvidando de todo nuestro mapa sensitivo y de la diversidad.

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5. El machismo afecta a las mujeres y hombres

Cuando las personas son vistas y juzgadas en base a las características del grupo sexual al que pertenecen (hombres = masculinos o mujeres = femeninas), sin tener en cuenta las diferencias que puedan darse entre ellos/as y dentro de ellos/as, se derivan un sinfín de estereotipos y expectativas que afectan a cómo sentimos y vivimos la sexualidad y el sexo.

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En consulta, con los pacientes que vienen para resolver una problemática de tipo sexual o relacional, me he dado cuenta de que, en algunos casos, hemos pasado del paradigma “la mujer debe satisfacer al hombre”, que comporta para las mujeres: fingir orgasmos, la falta de concentración, placer u orgasmo, una obligación autoimpuesta, e incluso el sexo como moneda de cambio. Al arquetipo “el hombre debe satisfacer a la mujer”, que provoca, al hombre: ansiedad, estrés, obligación, control, dominación y miedos diversos. Ambos extremos son perjudiciales para poder disfrutar de la sexualidad y las relaciones sexuales y, de hecho, de éstas premisas se derivan la mayoría de disfunciones sexuales.

Para dejarlo más claro, os voy a exponer un ejemplo habitual en mi consulta, en relación a la problemática y sufrimiento que provoca el machismo en los hombres.

Pongamos que un hombre acude a consulta con el siguiente discurso, “A las mujeres les gusta y les da placer sexual un pene “grande” y que puedas aguantar mucho tiempo, +/- 30 minutos con la penetración, y mi objetivo es “cumplir” para que ella disfrute y llegue al orgasmo.

Bien, todo lo que os he puesto entrecomillado son cuestiones a hondar más profundamente con el paciente, pero en líneas generales, cuando un hombre tiene una idea sesgada de la anatomía masculina y femenina, y tiene una distorsión en relación a las expectativas sexuales (fruto, en parte de una mala o nula educación sexual y la pornografía), nos da como resultado un elevado nivel de ansiedad e inseguridades y como síntoma claro, una disfunción eréctil.

Como veis, el machismo nos afecta en todas las áreas a mujeres y también a los hombres, porqué si consideramos que la “hombría” es poder, es potencia sexual y valentía, nos estamos olvidando de las diferencias individuales, más allá de lo que se espera de nosotros, nos está limitando nuestra intimidad emocional y la capacidad de desarrollar diferentes roles sexuales.

Dicho esto, ¿aún sigues creyendo que la lucha feminista es cuestión exclusiva de las mujeres?